03 La danza del futuro no es una disciplina

A lo largo de los siglos, nos hemos acostumbrado a clasificar y organizar las artes por disciplinas. Hemos llegado a creer incluso que, en efecto, dependiendo del medio en el que trabaje, un artista puede ser distinguido de otro artista recibiendo un nombre específico. Así, atendiendo al medio de expresión, decimos que un pintor es distinto que un músico, o que una escultura no es lo mismo que una coreografía.  Este sistema de disciplinas está tan arraigado en nuestras consciencias que ha llegado a parecernos normal que las obras existan casi exclusivamente para legitimarlo. Una obra de danza convencional, no tiene que hablar del mundo: lo que tiene que hacer es reforzar y referirse a la propia disciplina de la danza. Para rematar, el rebrote neokantiano que protagonizó la crítica formalista estadounidense tras la Segunda Guerra mundial, acabó de cerrar los límites de un sistema que necesita aislar y separar para crear la ilusión de un mundo ordenado y bajo control.  Las disciplinas artísticas se han convertido en algo así como instituciones que, por si fuera poco, controlan todas las enseñanzas artísticas imponiendo su modelo de disciplinas cerradas sobre sí mismas y de estudios segregados.  Así,  ni siquiera nos extraña que todavía hoy, al salir de un teatro, escuchemos decir a alguien airadamente convencido que “esto no es danza” … como si el hecho de que una obra no se ajuste a los límites convencionales establecidos para  una disciplina, fuera una traición ¡¡ o algo peor!!

Al contrario de lo que dicta la Institución de la Danza, la danza del futuro no es una disciplina y no depende de la definición esencialista a partir de su supuesto medio de expresión universal. Ni siquiera necesita confrontar o comentar el sistema de las disciplinas porque eso volvería a atraparla en los cajoncitos y las etiquetas. La danza del futuro sucede de muy distintas maneras: puede ser cine, o algo que sucede en un escenario, o una fotografía, o una carta, o una instalación, o un libro, o un plato de comida, o un vestido, etc. sin dejar de ser nunca danza.  En el futuro, el ser es algo borroso y liberador.

Por ello, de nuevo como espectadoras, debemos prestar mucha atención para que la danza del futuro no pase desapercibida ante nosotras. Debemos ser conscientes de que nuestra mirada es capaz de desactivar todo el sistema de disciplinas: no hace falta pedir permiso ni esperar a que ninguna institución (museo, teatro, conservatorio, festival, consejería, ministerio, instituto, etc.) encarnada en un señor con sueldo fijo, vacaciones pagadas y pagas extraordinarias,  autorice su existencia.  La danza del futuro puede suceder en cualquier contexto, situación, momento o relación. La danza del futuro no atiende a ningún tipo de definición esencialista: se escapa de los cajones y su único fin es producir revelaciones, es decir, posibilidades de ampliar nuestras capacidades de conocer. Una obra clásica de la danza del futuro (que cualquier persona interesada puede realizar) consiste en pasarse un día entero a la playa, bañándose  mucho, abandonándose mucho, volviendo a bañarse mucho y después cuando una ya esté lista para volver a casa con todo preparado y recogido, exclamar con convicción “¡ qué bonita es la danza del futuro!”.

Jaime Conde-Salazar

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