07 LA DANZA DEL FUTURO ES CUESTIÓN DE FE

La tercera negación del “No Manifesto” de Yvonne Rainer dice: “no a las transformaciones y a la magia y al hacer creer” (no to transformations and magic and make believe). En 1965, esta enunciación negativa se refería posiblemente a la convención teatral clásica según la cual las espectadoras deben hacer como que no existe la representación y como que los dispositivos que la producen son invisibles. El “make believe” es la decisión de creernos que lo que se muestra en escena es un suceso real que ocurre en el mismo tiempo que lo estamos viendo. Evidentemente, una parte de lo que vemos sucede, en efecto, mientras lo vemos.  Pero sabemos perfectamente que en la danza convencional  todo está ensayado, todo está concebido y preparado mucho antes de que llegáramos nosotros. Sabemos perfectamente que aquello es una representación y que como tal nos remite a un referente que ni está ni estará nunca dentro del teatro.  Estamos en un presente fingido y las transformaciones (de espacio, de tiempo y de encarnación), la magia y el “make believe” no son  otra cosa que las estrategias convencionales que nos permiten superar la profunda rareza del hecho de que, desde hace poco menos de dos siglos, nos meternos en unas salas sin ventanas a mirar desde la oscuridad a unas personas que hacen como que no nos ven mientras ejecutan movimientos tan maravillosos como inverosímiles, vestidos, además, de formas muy extrañas.

En 1965, sin duda, era pertinente negar el “make believe” y plantarse frente a la máquina teatral burguesa que había llevado a la danza a un callejón sin salida, a una deriva autorreferencial infinita. Era una manera de dejar las cosas claras.  Para el bailarín era una forma de decir  “Yo no estoy aquí para hacerte creer nada, ni para convencerte de nada, ni para explicarte nada. Lo que tú seas capaz de pensar, sentir, imaginar o intuir es tu responsabilidad, es tu trabajo. En todo caso, nuestras consciencias pueden colaborar para producir una experiencia compartida. Pero eso es un trabajo que solo podemos hacer juntas: yo no voy a seguir chupándote la polla cada vez que te sientes en la butaca (…al menos no como parte del show…)”

La danza del futuro no necesita el  “make believe” tal y como se emplea aún hoy en día en la danza convencional. La danza del futuro se liberó hace tiempo de la exigencia de seducción impuesta por las instancias patriarcales y heteronormativas. Aún así, la danza del futuro sabe que hay algo muy valioso en el “make believe” y no está dispuesta a prescindir de ello aunque nuestras amadas madres postmodernas se echen las manos a la cabeza.

La danza del futuro sabe que es necesario creer para que algunas cosas importantes sucedan. Estamos acostumbrados a manejarnos en formas de conocimiento basadas en las ideas de verdad y certeza. Pero tanto la verdad  como la certeza son solo aquello que se establece como tal en el discurso. Pero sabemos que hay partes de lo que podemos llegar a conocer que exceden enormemente los límites del discurso y que van mucho más allá de la idea de “verdad”. La danza del futuro sabe que, en realidad, no podemos hablar de las cosas importantes ya que el lenguaje es en sí mismo insuficiente, traicionero y demasiado pequeño para tratar ciertos fenómenos, para explorar ciertas posibilidades cognoscitivas humanas.

Por ello la danza del futuro, no sólo se apoya en lo cierto sino que, sobre todo, se nutre de lo posible. Y lo posible solo existe a través de la creencia que lo reconoce como realidad. El “make believe” teatral despojado de la exigencia de seducir es un mecanismo que crea condiciones de posibilidad. La danza del futuro utiliza la máquina del teatro para que aquello que sólo podemos intuir o imaginar se convierta en un suceso vivo, en una experiencia con la que podemos establecer una relación real. No se trata de creer en una ficción, no se trata de creernos a estas alturas que la bailarina que hace el papel de Giselle es, en efecto, el personaje Giselle. No es eso. De lo que se trata es de creer que eso que se presenta ante nosotros (tenga la forma que tenga) es cierto y revela algo que es posible.  En ese sentido, la danza del futuro amplia los límites de la realidad no reproduciendo lo ya conocido sino añadiendo a lo que sabemos, lo que solo podemos creer. La danza del futuro está anclada en el lugar y en el tiempo concreto en el que sucede y esto es lo que evita que se convierta en un delirio estéril y fantasioso. Lo que muestra, no es una línea de fuga sino una afirmación de todo lo que está presente. La danza del futuro requiere de nosotros que hagamos un salto de fe y pongamos en cuestión todas y cada una de nuestras convicciones. Porque el mundo es mucho más de lo que conocemos y pueden pasar muchas más cosas de lo que alcanzamos a saber, desear, imaginar o intuir .

Jaime Conde-Salazar Pérez

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