09 La danza del futuro se pronuncia

El Régimen se nutre también, entre otras cosas, de las obras que hacen  las artistas. La Cultura es el nombre que le han puesto a ese sistema que utiliza las obras para legitimar algunos aspectos del propio Régimen. Por supuesto, colaborar con los distintos programas de propaganda (también a veces denominados “políticas culturales”) tiene premio. Y está bien que así sea. Y los artistas lo saben y legítimamente buscan la manera de negociar con el Régimen el precio de la colaboración: “yo te doy una obra para llenar tus teatros/festivales/museos/noches en blanco/ ocurrencias peregrinas/etc. y a cambio tú me das dinerito”. Se trata de una operación comercial ordinaria en la que dos partes se ponen de acuerdo para intercambiar recursos. Pero hay que llevar cuidado: para el Régimen una obra es siempre mercancía (algo con lo que se comercia y se utiliza para sacar beneficio) y aunque, el sistema de la Cultura facilite en algunas ocasiones que las artistas hagan su trabajo, nunca es cómplice y rara vez entiende qué es eso que las artistas hacen.

La danza del futuro sabe que una obra excede el sistema en el que dicha obra ha sido producida. Por muchos mecanismos de control y límites que se impongan a la labor de las artistas, las obras de la danza del futuro son siempre libres y van mucho más allá del horizonte convencional de la Cultura. En este sentido, las obras del futuro siempre asumen la responsabilidad de ofrecerse como un exceso que sobrepasa con creces las condiciones de su propia existencia y que abre posibilidades de entender y de hacer.

Una obra es un pronunciamiento, es algo que se dice, algo que se manifiesta a través de la acción viva. La danza del futuro se hace cargo de su capacidad de decir. No importa que lo que se tenga que decir no sea una novedad, o que haya sido dicho por otros antes, o que sea una repetición machacona. En estos tiempos, hay que aprovechar todas las oportunidades para decir las cosas importantes. Por supuesto no se trata de ninguna manera de expresarse como individuos que necesitan dar noticia de su vida interior: todo lo contrario, hay que decir las cosas solamente  para que suenen, esto es, para que puedan ser escuchadas.

Por eso, la danza del futuro no pide permiso para decir y aprovecha todas las oportunidades. No hace falta esperar a que un agente del Régimen decida incluir en tal o cual “contexto” el trabajo de un artista. Las obras de la danza del futuro se hacen siempre que es necesario y encuentran los medios y las maneras para realizarse recurriendo solo a aquellos recursos disponibles. Cuando se da el impulso de decir algo, para la danza del futuro el entorno real y específico es siempre perfecto, cómplice e infinitamente rico. Cuando hace falta hacer una obra, no hay nada que frene al artista: va y la hace.

La danza del futuro sabe que su gran poder es la enunciación y, por tanto, asume por completo su responsabilidad de decir. Las obras son algo que se dice/hace/baila y, como ya sabemos todas, eso que se dice/hace/baila produce realidad, revela posibilidades de existir y hace que se desplieguen los infinitos estratos del ser. Una obra que se pronuncia  es, ante todo, una acción que sale hacia afuera, que se devuelve al mundo como contribución a todos los procesos de producción de conocimiento que suceden constantemente.  En este sentido, la danza del futuro se dice y al decirse se apodera, pone en cuestión y penetra las condiciones en las que sucede la realidad.

Jaime Conde-Salazar

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