Glosario 02. Movimiento.

Nos hemos acostumbrado a pensar que el movimiento es la esencia de la danza. Esto nos ha hecho olvidar que el concepto “movimiento” aparece en un contexto histórico muy concreto y que, por tanto, no se le debe atribuir un valor universal.
Antes del primer tercio del s.XX  no existe ningún tratado de danza que designe claramente que el “movimiento” es la esencia de la danza.  Ni Thoinot Arbeau (1519- 1595) ni posteriormente Jean Georges Noverre (1727- 1810), por citar quizás a los dos tratadistas más notables de la tradición clásica,  se ocupan del asunto. Su búsqueda teórica tiene que ver más bien con la coreografía, con la composición de pasos y con los modos de bailar.
La necesidad de hallar una esencia universal que permita distinguir y ordenar cada una de las disciplinas artísticas es un propósito característico de la llamada crítica formalista del arte que, recuperando algunos principios de la filosofía de Inmanuel Kant, establece que el medio específico de expresión de cada disciplina es lo que define su esencia. El formalismo no llega a la teoría de la danza hasta que aparece en Estados Unidos el movimiento denominado modern dance (1). En 1933, el crítico estadounidense John Martin (1893-1967) publica el tratado The Modern Dance en el que por primera vez, aplicando el discurso formalista, se establece que el “movimiento” es el medio específico y, por tanto, la esencia universal de la danza. Por supuesto, el mérito de este descubrimiento es atribuido a la modern dance. “En verdad – dice John Martin- la modern dance ha cumplido los ideales del movimiento romántico [se refiere a la primera generación de pioneros estadounidenses]. Se ha opuesto claramente al artificio del ballet clásico haciendo que su principal objetivo sea la expresión de una compulsión interior. Y, además, ha visto la necesidad de que esa expresión se sirviera de formas vitales dándose cuenta del valor estético de la forma por sí misma y junto a ese tipo de expresión. Al llevar a cabo estos propósitos, ha dejado a un lado todos los intentos anteriores y ha empezado de nuevo desde el principio. Este principio fue el descubrimiento de que la auténtica sustancia de la danza era el movimiento” (1966: 6). Así, podemos decir que el concepto de “movimiento” es relativamente reciente y completamente moderno. Por ello resulta extraño cuando se aplica en general a todo tipo de danza teatral o cuando le concedemos un valor universal.
En la década de los 90 con la aparición de lo que se llamó Nueva Danza se reavivó el debate formalista en torno al concepto “movimiento”. El público más conservador se resistió a reconocer como “danza” aquellas obras en las que los bailarines no ejecutaban movimientos esforzados o no demostraban una capacidad extraordinaria de desplazamiento en el espacio. Es obvio que todos los cuerpos humanos vivos se mueven, estén o no estén en un escenario, estén o no estén bailando. El movimiento que se echaba en falta en aquellas propuestas de los noventa no era el movimiento real que nos afecta a todos sino la categoría estética “movimiento” creada por la crítica formalista para nombrar la esencia universal e inmutable de la danza. Aquellas obras hablaban de la danza en sí misma como fenómeno social y cultural dejando de lado categoría “movimiento” e, inevitablemente, esto produjo mucho desconcierto.
Más recientemente, André Lepecki en Agotar la Danza propuso una reflexión acerca de cómo el “movimiento” se convirtió en uno de los principales valores del proyecto moderno a partir del s.XVI y de cómo esa idea afectó profundamente a nuestra manera de entender la danza teatral en las culturas burguesas occidentales.

Cuestiones
1.    ¿Crees que la danza tiene una esencia universal e inmutable aplicable a cualquier manifestación independientemente del lugar y el tiempo en el que suceda?
2.    ¿Cómo caracterizarías la danza si no pudieras utilizar el concepto “movimiento”?

Para seguir leyendo
-    HORST,L. Y RUSELL C., 1987, Modern Dance Forms, Princeton Book Company
-    LEPECKI, A., 2009, Agotar la danza. Performance y política del movimiento, Mercat de les Flors, Barcelona
-    MARTIN, J., 1966, The Modern Dance, Dance Horizons, Nueva York
-    THOMAS, H., 1995, Dance, Modernity and Culture, Routledge, Londres

(1)En medio de la agitación social y cultural que sigue a la crisis de 1929 y tras la puesta en marcha de la Works Progress Administration y en especial del Federal Project Numbre One para el fomento de las artes, se hace necesario encontrar una forma de bailar claramente “americana” que apoye todas operaciones del  New Deal y se oponga al ballet considerado desde entonces como una forma de baile decadente y “europea”. Esa otra forma de bailar era la que desde principios de siglo habían practicado Ruth Saint Denis, Ted Shawn, Isadora Duncan, etc. pero sobre todo, el tipo de danza que habían desarrollado la segunda generación de “pioneras” encabezada por Martha Graham y Doris Humphrey. Pero para legitimar esa otra forma de bailar y lograr que la modern dance fuera considerada como uno de los motores del progreso americano, hacía falta había echar mano de la teoría.

J. C-S.

Midiendo el espacio. Entre el Arte y la Física

Boîte-nécessaire de mathématiques. s.XVIII. Leipzig. Musée du Louvre

La Poderosa trabaja en el Graner en su proyecto Paradigma y crisis, sobre el tiempo y el espacio…

Cualquiera, en algún momento, incluso de manera fugaz, se ha hecho alguna preguntilla sobre el devenir del Universo: ¿es real todo lo que vemos?, ¿responde a algún orden en concreto?, ¿ha existido alguna vez  un principio?, ¿podemos entender algo de lo que sucede en el mundo?  Es cierto que estas preguntas pueden parecernos, casi al mismo tiempo, grandilocuentes y banales, pero también es verdad que gracias a eso nos las podemos plantear sin tener una base determinada, es decir, como decíamos al principio, cualquier ser humano, sea cual sea su condición y circunstancia, está legitimado a reflexionar sobre ellas. Sin embargo,  si lo que  buscamos es algún tipo de certeza, nos conviene acercarnos a estas cuitas teniendo en cuenta lo que dicen los científicos, los físicos más concretamente, que con sus teorías han llegado a sustituir en muchas ocasiones las propuestas que sobre la condición del ser humano y su relación con el universo salían de la pluma de los filósofos y  de los representantes de los dioses en la tierra.

La Física ha tenido como base para desarrollar sus teorías la observación directa de lo que sucede en la naturaleza, de manera que se llegaba a entender que las cosas eran lo que parecían según lo que percibíamos con los sentidos. Pero no todo está al alcance de nuestros sentidos. A partir de los años 20 del siglo pasado, los científicos se dieron cuenta de que la descripción tradicional del universo no podía explicar el comportamiento de lo que acontecía a escala atómica, accesible en ese momento gracias a los avances tecnológicos, así que esta ciencia evolucionó hasta lo que ahora conocemos como Física cuántica, es decir Física moderna, o simplemente Física. Al basarse en una concepción de la realidad completamente diferente, con la escala atómica como modelo, debemos tener en cuenta que la Física actual considera nuestra experiencia cotidiana o nuestro tan valorado sentido común como algo absolutamente ingenuo.

Esto es algo que debemos tener en cuenta a la hora de enfrentarnos a estas categorías, aunque lo hagamos con intenciones del todo “artísticas” y con la tranquilidad que nos da el ampararnos en la disciplinaridad resbaladiza del arte. Obviamente, las conclusiones que saquemos en nuestro análisis, en nuestro afán por llenar resquicios, nada tendrán que ver con las de un científico, pero, obviamente no por ello dejarán de ser válidas dentro de su propio contexto. Es más, si nos detenemos aquí por un instante, llegaremos a la conclusión de que la relación entre la Física y el Arte es prácticamente ontológica: ¿Cuál es uno de los grandes problemas que intenta resolver el arte, incluso antes del Renacimiento? Pues seguramente el de la representación del espacio ¿Qué lucha persigue al fijar una y otra vez en imágenes tantos momentos, tantas experiencias? Pues seguramente la del paso del tiempo y la de la pérdida de la memoria. Tiempo y espacio. Nada pues es patrimonio de una sola disciplina.

C.D