DARDOS

Un DARDO es una enunciación rápida certera. Algo que se lanza al aire para que trace un movimiento directo y preciso que acaba en un punto. Se trata de reflexionar sobre la situación en la que estamos. Pero sobre todo se trata de lanzarnos hacia delante. Un DARDO es una enunciación que abre una posibilidad de entender lo que hay. Pero un DARDO también es una invitación a  imaginar lo que está por delante, es decir, a entender el futuro como una consecuencia de lo que seamos capaces de hacer y pensar hoy.

Esta serie de DARDOS se irá lanzando a partir de hoy y hasta el final del año y tiene como objetivo principal abordar la cuestión del papel que los centros de creación y residencias hacen dentro del ecosistema de las artes escénicas actuales. Los DARDOS se lanzarán regularmente para que crucen el espacio como excitaciones aéreas que invitan a seguir hablando, escuchando e imaginando.

DARDO 1

La creación escénica actual está sostenida por los centros de creación y residencias. Los teatros y especialmente los públicos, dedican prácticamente toda su actividad a programar actuaciones y rara vez son capaces de comprometerse con los procesos de creación que llevan a cabo los artistas. Pero sin procesos de creación no hay obras y sin obras no hay programación posible. Hoy en día, los centros de creación y residencias han asumido el papel acompañar a los artistas para que puedan llevar a cabo sus proyectos. Un centro de creación no es un espacio secundario, no es la hermana pequeña y pobre de los teatros.  Más bien deberían ser reconocidos como agentes culturales con una gran capacidad de generar recursos, actuar en el entorno y transformar contextos culturales y sociales. El hecho de que un espacio-casa acoja y acompañe a una artista que está desarrollando un proceso de creación, multiplica por sí mismo las posibilidades y recursos de crecimiento y desarrollo disponibles en un territorio.

DARDO 2

Un proceso de creación (debemos repetirlo cuantas veces sea necesario) es un proceso de producción de conocimiento. Una obra es el resultado último de un proceso de creación en el que una artista o varias han desarrollado estrategias sociales, metodologías de relación, formas, ideas, imágenes, deseos, etc.

Mientras que un teatro recibe todos esos componentes ya elaborados, digeridos y, habitualmente, cerrados, un centro de creación recibe al artista que trae todas sus preguntas y materiales en crudo. Durante el proceso de pulir todos esos materiales crudos, las artistas producen conocimiento y este conocimiento puede ser muy valioso no solo para la obra en sí, sino para otras personas y otros espacios que no están directamente relacionados con el arte o la cultura.

DARDO 4

Las grandes instituciones culturales, hasta aquellas que incluimos entre nuestros objetivos la experimentación de otras formas de institucionalidad, hemos de mantener un difícil equilibrio entre lo políticamente conveniente y la generación de espacios para la crítica, la autocrítica o la transgresión.

La autocensura es una práctica que hemos de aprender a contener. Muy a menudo, somos nosotras mismas las que nos imponemos formas de control a nuestro trabajo y establecemos límites invisibles a nuestro propio hacer, pensar  o decir. Quizás por temor o quizás porque no se nos había ocurrido que las cosas pudieran ser de otra manera a como las habíamos conocido hasta entonces. Los límites no siempre vienen de fuera, del otro, sino que frecuentemente están inscritos en nosotras mismas aunque no seamos conscientes de ello del todo.

En estos días, es necesario investigar sobre nuevas formas de institucionalidad. No es cuestión de que sea viable o no: es imprescindible que demos con formas más justas y eficaces de relacionarnos y funcionar. Pero tampoco  se trata de acabar atrapadas en el universo autoreflexivo del RE (re-pensar, re-construir, re-plantear, etc.) que, si bien es imprescindible, puede llegar a convertirse en una especie de autoboicot inconsciente. Hay que entender pero también hay que hacer: investigar sobre nuevas formas de institucionalidad no solo es dar con las palabras clave sino que además hay que llevar a cabo aquello que se imagina. Y esto implica, como cualquier práctica, que hay que estar dispuestas a equivocarse, hay que estar preparadas para asumir los errores como parte del proceso.