Carmela Muñoz
Carmen Muñoz dice que sus amigues, o las personas que la ven bailar desde el cariño, dicen que siempre está enchufada. Y sí, le motiva y le fascina la danza en su sentido más artesanal. Le encanta pensarla como un tejido o una red, que sostiene los cuerpos y los pensamientos (que son una misma cosa), y hace que se amplíe el conocimiento. Si tuviera que definirse, diría que es intérprete, creadora, docente e investigadora. Pero cree que es, y que todas somos, mucho más que eso. Se siente muy identificada con todo lo que tiene que ver con el proceso, con la experiencia de exponerse a pasar por ahí, recorriendo alrededores del asunto danzado y persiguiendo un pensamiento crítico sobre el mismo. No le atraen las certezas, y cada día se recuerda que estamos aquí danzando sin la necesidad de obtener un producto o un resultado con un valor mercantil. Prefiere merodear. La atraen las periferias y los contornos. Entiende la práctica como su manera de vivir y tratar de entender qué es lo que está pasando. Le interesa todo aquello que no termina de encajar en algún sitio. Se considera un cuerpo híbrido, entregado y riguroso, con una mirada abierta que surfea entre la danza y el flamenco, sin necesidad de escoger. Ama la danza y ama el flamenco, pero necesita acercarse a ellas a través del contexto; de este modo encuentra una lógica más cercana y terrenal. Con esta investigación, le gustaría palpar un sitio más periférico y estar acompañada por artistes que admira profundamente por su rigurosidad y sus maneras de hacer: Esther Solé Alarcón y Derek Van den Bulcke.